Acceso a Internet en Costa Rica

Dos noticias publicadas esta semana en el semanario El Financiero acerca de la conectividad y del acceso a Internet en Costa Rica, nos hacen ser bastante optimistas y pensar en la posibilidad de que la brecha digital pueda reducirse aunque sea un poco. La proliferación de los teléfonos inteligentes (smartphones), cada vez en manos de más personas de las más variadas clases sociales y económicas, propician que por medio de estos dispositivos se acceda más fácilmente a Internet, sin necesidad de contar con una PC con conexión fija o con una laptop que demande la conexión a alguna red wi-fi.

También ha contribuido a esto, quiérase o no, la competencia planteada desde que entraron al país las compañías telefónicas multinacionales, con novedosos planes de acceso. Con esto, también la empresa estatal ha tenido que implementar sus planes, ofreciendo múltiples opciones al usuario.

Por otra parte, la mejora en el acceso a la banda ancha es beneficiosa para la competitividad del país,y, en general, para que quienes se conectan a Internet tengan acceso a mejor contenido, que de otra manera sería difícil obtener bajo otras condiciones.

Aquí puede leer las dos notas publicadas esta semana.

Celular lidera conexión a Internet en Costa Rica

Informe de la ONU señala mejoras en acceso a Internet de banda ancha en Costa Rica

AGORA

834b8fd4f3El conocimiento sólo es útil cuando se utiliza y se comparte, al tiempo que crece y se multiplica. Los movimientos que desde hace ya bastante tiempo abogan por la democratización y el acceso abierto a la información y al conocimiento, procuran que esto se cumpla en diversas áreas. En el campo agrícola AGORA (Access to Global Online Research in Agriculture o Acceso en línea a la investigación mundial  sobre el sector agrícola) se ha distinguido por constituirse en un punto de referencia indispensable para países pobres, poniendo a su alcance recursos de información de forma gratuita en su gran mayoría.

Reducir la brecha del acceso a la información en agricultura.

 

Se supone que estamos en el futuro…

¿Es esto el futuro?

Desde muy joven he sido un asiduo lector de ciencia-ficción, así que esperé la llegada del año 2000 con ansias, y no con temor. Pero también antes celebré la llegada de 1990, 1980…  y por supuesto el enigmático 1984 Orweliano. Pero me he seguido preguntando qué significa “estar en el futuro”. Por ejemplo, en las novelas, cuentos o películas de ciencia-ficción de los 70’s o 80’s el 2000 era el futuro por excelencia; sería la época de los autos voladores, de las autopistas aéreas, de la medicina que se encargaría de permitirnos vivr por 100 años o más, de la erradicación del hambre y del cancer. En fin, 11 años después del 2000, las cosas siguen bastante parecidas a las condiciones de aquellos años: los autos siguen rodando sobre carreteras muchas veces llenas de huecos, el promedio de vida en países desarrollados “apenas” sobrepasa los 80 años, pero hay países africanos donde es de 40 o menos, niños siguen muriendo de hambre y el cáncer todavía es un flagelo. Los únicos cambios dignos de llamárseles revolucionarios son, sin duda, los que se han dado en el campo de la información y de las comunicaciones.

La información es un recurso intangible estratégico no sólo para organizaciones, si no para todos como individuos. El uso adecuado o inadecuado que hagamos de ella, y de las herramientas con que contamos para utilizarla, definirán en gran medida nuestras condiciones de vida; los pueblos dependen de ella para vivir mejor, pero un uso inadecuado los condenarán a vivir en condiciones de pobreza y miseria generalizada. Incluso en los países desarrollados existe mala utilización de la información, la que entonces se ha convertido en un instrumento que divide sociedades, incluso dentro de países y territorios con otras caractrísticas en común, como religión, idioma, costumbres…

Entonces, ¿cuál es el futuro? El futuro es la información o la información es el futuro, como sea. Muy pocas de las novelas de ciencia-ficción de aquellas épocas ponían a la inforrmación como eje central de sus historias o aventuras (véase como excepción la novela Neuromante de William Gibson, escrita curiosamente en 1984; o la misma 1984 de Orwel); la mayoría se centraban en viajes y naves espaciales, en invasiones de nuestro planeta o en alienígenas humanoides. Muy pocas se atrevieron a predecir lo que llegaría a ser la información y el impacto que tendría en nuestras vidas. Pero aún así, después de tanto tiempo de tratar de adivinar qué sería el futuro siglo XXI, no nos damos cuenta de que sólo podremos alcanzarlo por medio de un uso adecuado de la información y del conocimiento para crear mejores medios de transporte que faciliten el traslado de mercancías y de riquezas tangibles, para descubrir medicamentos que erradiquen enfermedades que siguen siendo flagelos para la humanidad, que desarrollen formas prácticas, simples y económicas para alimentar a los millones de seres humanos que ahora no lo pueden hacer o cualquier otra forma que nos permita acabar con el hambre y con la ignorancia.

Esa gran inteligencia colectiva que estamos construyendo, en la que de una u otra forma todos ponemos nuestro granito de arena, debe ser la forma de lograrlo, pero antes debemos evitar que sea del control de unos pocos. Si ha de ser para el bien de todos, debemos construirla entre todos, con el conocimiento de todos y sin el control de nadie en particular. Ese es el futuro que todos hemos esperado y no nos hemos dado cuenta de que estamos en él.

Cralos E. Granados Molina

Carlos E. Granados Molina

Lea el artículo que inspiró esta reflexión en: Se suponía que esto era el futuro, pero…

Se suponía que esto era el futuro, pero...

El valor más universal

Si hubiera que reescribir los diez mandamientos, sin duda el primero sería el amor. Pero también debemos darnos cuenta de que los sistemas educativos necesitan el desaprendizaje –desaprender la cantidad de tonterías que nos han enseñado– y asumir de una vez por todas el aprendizaje emocional. Este sería un nuevo mandamiento para una sociedad basada en el conocimiento.

Lea el artículo en: El valor más universal.

 

El valor más universal

 

Facebook y cancer

Una historia de cómo las redes sociales sirven para algo más que frivolidades. Ciertamente todo depende de cómo queramos utilizarlas, de tomar precauciones y de actuar con sentido común en cada cosa que hagamos. Casi igual que cómo lo haríamos en nuestra vida privada.

Facebook y cáncer

Amazon.com y sus problemas de seguridad

Amazon.com

Hace algunos días se han reportado errores en los passwords de la compañía para que sus clientes accedan a sus cuentas personales. Según un reporte de la Revista Wired, se han dado casos en que el sistema acepta passwords similares, pero no exactos, al que el cliente tiene asignado. Por ejemplo, el sistema permite que el password sea más extenso que los 8 caracteres de que debe estar compuesto o hacerlos insensibles a las mayúsculas o minúsculas; por ejemplo, si mi password es “Password”, el sistema puede aceptar que digite “password” o “PASSWORD” o “paswordpassword” o password12345″. Se ha reportado que los problemas se presentan en cuentas viejas y que por años sus dueños no han modificado sus claves.

A pesar de ser una de las empresas de más prestigio en Internet y de las que han logrado mayor confianza de parte de sus clientes, estos errores demuestran que nada en Internet es infalible en cuanto a seguridad se refiere ni mucho menos, es más bien otro ejemplo de lo que por mucho tiempo se ha venido diciendo: debemos tomar nuestras propias precauciones en Internet y no confiar ciegamente en los sistemas de seguridad de los sitios. Deberíamos hacer caso al sentido común y modificar cada cierto tiempo nuestras claves. Lea más…

Eco y Carrière, los mosqueteros de Gutenberg frente al E-book

El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco y el guionista francés Jean-Claude Carrière protagonizan un diálogo revelador en “Nadie acabará con los libros” (Lumen) sobre porqué los soportes digitales no pueden reemplazar al papel y al pasar, insertan la preocupación acerca de los incunables que se convirtieron en activos financieros.

SEBASTIÁN SALVADOR Buenos Aires

“No hay nada más efímero que los soportes duraderos” es el primer capítulo del volumen “Nadie acabará con los libros” donde el escritor y semiólogo italiano Umberto Eco y el guionista francés Jean-Claude Carrière conversan y responden acerca de la pregunta ¿Qué pasará con el libro frente a los nuevos dispositivos de lectura como el E-book u otros soportes de datos?

La respuesta por parte de Eco no se hace esperar: “Nunca jamás se ha inventado un medio más eficaz para transportar información que el libro. La computadora (o los soportes digitales) con todos sus gigas, tiene que conectarse a un enchufe. Con el libro este problema no existe”, afirma el escritor de “El nombre de la Rosa”, para agregar posteriormente”¿Qué pasa si hubiera un apagón energético mundial?”.

Jean-Claude Carrière, estrecho colaborador de Luis Buñuel y responsable de la Videoteca de París también se explaya sobre las dificultades que se le plantea ante lo efímero de los nuevos soportes (cd-rom, dvd, blu-ray) en la preservación de las películas de la historia del cine francés.

En estas conversaciones, moderadas por Jean-Philippe de Tonac, ambos protagonistas destacan las ventajas del uso de la tecnología pero también abrevan sobre sus inconvenientes: “Un juez puede llevarse a su casa con mayor facilidad 25.000 páginas de escritos de un proceso en un pen-drive, pero ¿se imaginan leer “La Guerra y la Paz”, de Tolstoi, en una pantalla de computadora? Le quedarían los ojos en llamas”, afirma Eco.

Además, en los sucesivos capítulos los protagonistas ofrecen otros razonamientos sobre la memoria, el periodismo y los medios de comunicación, internet, la pasión que despiertan los libros y sus bibliotecas personales.

En el medio de las idas y vueltas, ambos insertan una preocupación como grandes bibliofilos y en la que no pocos pondrán atención: el semiólogo y el guionista advierten cómo los incunables se han transformado también en activos financieros, como una pintura o un escultura clásica.

“Hace cinco o seis años, un anticuario de Milán me enseño un maravilloso incunable de Ptolomeo y me pedía el equivalente a cien mil euros. Me pareció demasiado. Tres semanas después, un Ptolomeo parecido se cedió en una subasta pública por setecientos mil euros”, comenta Eco sorprendido, y agrega quizás en su afán de seguir consiguiendo los volúmenes a precios más accesibles que “Hay compradores que no sabes nada de libros, pero que se les ha dicho que la compra de libros antiguos es una buena inversión, lo que es absolutamente falso. Si se compra una letra del tesoro por mil euros es posible venderla poco después al mismo precio o con un margen mayor, no ocurre eso con los libros”.

Pero ambos reconocen más adelante, que los libros antiguos son una especie en extinción y por ello, cada vez será más difícil encontrarlos y más costosa su compra.

Tomado de: cronista.com

El nuevo ecosistema de la información

DIEGO BEAS

La filtración a la Red por WikiLeaks de documentos secretos del Pentágono sobre Afganistán es un ejemplo de distribución de información sin el control de los Estados ni los medios de comunicación tradicionales

Hace apenas unas semanas le preguntaron a Daniel Ellsberg -responsable de filtrar a la prensa los Papeles del Pentágono en 1971- qué habría hecho hoy, en la era de las redes e Internet, si tuviera en sus manos documentos de la misma importancia de aquellos que fueron el principio del fin no solo de la guerra de Vietnam, sino también de la presidencia de Richard Nixon.

Sin dudarlo, Ellsberg, un hombre que casi alcanza los 80 años y que ha hecho del acceso a la información y la transparencia en el Gobierno una misión, respondió: compraría un escáner y los subiría a Internet.

El entrevistador, insatisfecho con la respuesta, le presionó: “Pero, ¿no considera que la prensa aporta algo; es decir, más allá de los datos y la información que contenían los Papeles del Pentágono, no fueron el New York Times y elWashington Post los que proporcionaron el contexto para interpretar lo que sucedía y cambiar el curso de la historia?”.

Un Ellsberg escéptico respondió que no estaba tan seguro. Lo importante, enfatizó, es hacer pública la información; ponerla en manos de la opinión pública y dejar que la presión surja de allí; si pasa o no por los filtros de los medios de comunicación ha dejado de ser la clave.

¿De verdad? La semana pasada acabamos de atestiguar la que quizá sea la filtración más importante de la historia -al menos por el volumen de información-. En el centro, una combinación de viejos y nuevos medios que reivindica y refuta Ellsberg de manera simultánea. Una revelación que, sobre todo, ha puesto de relieve el complejo ecosistema informativo que emerge de Internet, las redes sociales y las posibilidades virtualmente ilimitadas de difundir información; una clara muestra de la pérdida de centralidad de losmass media y de la llegada de nuevas organizaciones con la capacidad de retar y poner en riesgo la seguridad del Estado.

La información filtrada la semana pasada consta de más de 75.000 documentos secretos del Pentágono redactados por operarios militares sobre el terreno. Proporcionan un detallado close up a más de un lustro de conflicto bélico; no se trata tanto de nueva información como de pequeñas piezas de un gran puzzle incompleto que ahora se comienza a revelar. Los documentos ofrecen detalles sobre el papel de los servicios de inteligencia paquistaníes, las muertes de civiles a lo largo del conflicto, aspectos de la estrategia de contrainsurgencia del Ejército estadounidense, entre varios más.

¿El responsable de la publicación? WikiLeaks, la elusiva y novel organización a medio camino entre una agencia de inteligencia privada, un ejército de hackers y expertos informáticos y un nuevo tipo de canal de difusión de información. La misma web que en abril publicó un vídeo de una matanza del Ejército estadounidense en el centro de Bagdad; la misma que en septiembre de 2008, en plena campaña presidencial en Estados Unidos, publicó los contenidos de una cuenta de correo extraoficial que Sarah Palin utilizaba para evadir las leyes de acceso a la información de Alaska; y la misma que reveló detalles sobre las negociaciones secretas del Gobierno de Islandia durante la crisis financiera del año 2008.

El sitio se define a sí mismo como un servicio público internacional diseñado para proteger a delatores, periodistas y activistas.

Aunque no se considera parte de los medios: “No somos prensa”, afirma su fundador, Julian Assange. Son, dice, un grupo dedicado a defender fuentes de información. Lo que WikiLeaks proporciona es la plataforma para realizar las filtraciones: anónimas, sin intermediarios y sin otro objetivo que el de hacerlas públicas; se trate de correos electrónicos personales o de documentos clasificados que pongan en riesgo la seguridad nacional de países.

El objetivo es utilizar la Red para desafiar los secretos de Estado y obligar a la clase política a que rinda cuentas y opere de manera más transparente. Un terreno tradicionalmente reservado a los medios de comunicación que hoy, con la apertura de las redes y la multiplicación de los canales de difusión, organizaciones como WikiLeaks han comenzando a disputar.

Estamos ante el surgimiento, en palabras de Jay Rosen de la Universidad de Nueva York, de la organización informativa “sin Estado” -stateless-. Es decir, el nacimiento de un nuevo agente capaz de impactar informativamente en prácticamente cualquier país del mundo al tiempo que no se sujeta a ningún tipo de acuerdo tácito o explícito con Gobierno nacional alguno (una forma de control a la que siempre han estado sometidos los medios tradicionales). Por ello, al margen de los detalles específicos revelados en losPapeles de Afganistán, el quid de la filtración gira en torno a cómo se dio a conocer y qué consecuencias se vislumbran tanto para el Estado como para las propias organizaciones que durante al menos los dos últimos siglos han controlado la forma y los tiempos en los que se distribuye la información.

A diferencia de 1971, cuando se publicaron los Papeles del Pentágono, hoy existen múltiples canales y plataformas para llegar a la opinión pública. WikiLeaks lo sabe, y lo explota. Su decisión de proporcionar el material por adelantado a Der Spiegel, The Guardian y The New York Times fue una astuta medida que sobre todo consideró la ayuda que brindarían para interpretar y hacer digeribles los miles de folios escritos en jerga militar -una posibilidad que no utilizó cuando publicó el vídeo de la matanza en el centro de Bagdad-. En pocas palabras, es David utilizando a Goliat.

Además, en una era en la que el coste marginal de distribuir información ha descendido prácticamente a cero, surge también una nueva manera de valorar las noticias que explica en parte por qué WikiLeaks adelantó la información a tres medios cuidadosamente seleccionados. “Pensarías que cuanto más importante es un documento, más interés generaría en la prensa”, afirma Assange. “Pero no es así. La clave ahora está en la oferta y demanda. Oferta cero aumenta la demanda, le otorga valor. Tan pronto como un material se publica en la Red y su oferta se hace infinita, el valor percibido se reduce a cero”. Una nueva y por ahora confusa lógica que domina ya la era de la sobreabundancia de información.

Hablamos de un trasvase de poder sin precedentes: de los medios tradicionales a nuevos actores cuya fuerza principal reside en saber utilizar la ubicuidad de la Red para cambiar el sentido de los flujos de información; invertir el orden y tomar por asalto aquellos espacios que ya sea por negligencia, incompetencia o complicidad, los medios de comunicación y el Estado han dejado desocupados. Repentinamente y debido al poder de las redes, surge un nuevo tipo de organización capaz de reclamarlos e imponer sus exigencias.

Pero, así como las demandas hoy provienen de una organización que exige transparencia y apertura en los Gobiernos, mañana podrían venir de grupos terroristas o el crimen organizado, de especuladores financieros o grupos de interés. El mayor atractivo de las redes -anonimato, viralidad, interconexión-, afirma Evgeny Morozov, estudioso del tema, es también su mayor debilidad. Siempre se han utilizado y se podrán utilizar en cualquier sentido y para cualquier propósito.

Tomado de elpais.com

Para más información, visite Wikileaks

Diego Beas es autor del libro de próxima aparición La reinvención de la política: Obama, Internet y la nueva esfera pública (Ediciones Península).

Plan CEIBAL Uruguay

Hay más información sobre el tema en el sitio de CEIBAL Uruguay

Definidas las temáticas del Observatorio Internacional sobre Neuro-Información

Publicado por la Fundación Ciencias de la Documentación

En su primera semana de vida, el Observatorio Internacional sobre Neuro-Información(International Observatory on Neuro-Information, en inglés) de la Fundación Ciencias de la Documentación, ha definido los temas bajo los cuales está indizando los contenidos de sus bases de datos, así como los campos de investigación futuras. Los mismos son:

– Neurociencia: Estudio científico del cerebro y el sistema nervioso.

– Neuroinformación: Estudia la relación de la Neurociencia con las Ciencias de la Información y Documentación (Bibliotecología, Archivología, Documentación).

– Neurología: Estudia la relación de la Neurociencia con la Medicina.

– Neuroinformática: Estudia la relación de la Neurociencia con las Tecnologías de la Información o/y Informática.

– Neurosociedad: Estudia la relación de la Neurociencia con la Sociología.

– Neurobiología: Estudia la relación de la Neurociencia con la Biología.

– Neuromarketing: Estudia la relación de la Neurociencia con el Marketing.

– Neurocognitiva: Estudia la relación de la Neurociencia con las Ciencias Cognitivas.

Recordamos que la misión del Observatorio Internacional sobre Neuro-Información es doble, por una parte, recopilar, investigar y promover información relacionada con los terminos que usan el sufijo “neuro-“, y por otra cualquier acción científico-social que tenga que ver con la aplicación de la Neurología a las Ciencias de la Información (es decir, Neuroinformación).

Más información en inglés: http://www.neuro-information.org/