El futuro no existe…

La  materia prima más valiosa de un país es la materia gris de sus habitantes. La misma sólo se puede hacer valiosa a través de la  educación.

Aprender a ser. ¿Quién soy? ¿de dónde vengo? ¿hacia dónde voy? Dos preguntas apuntan al pasado, a los valores, a la memoria, la tercera hacia el futuro, a la visión.

Empowerment es el poder interior que produce  la energía. Para convertirla en materia gris hay que descubrir el querer, lo que los griegos llamaban conócete a ti mismo.

El porvenir se crea a partir del presente, intentando adivinarlo o desde el futuro deseado. En este caso la evocación de una imagen magnética del objetivo guía la acción en el presente.

Otra opción es enfocar el pasado, más vale malo conocido que bueno por conocer. Esta fórmula es encarar el futuro como si se manejara un auto mirando por el espejo retrovisor.

El iluso pretende construir castillos en el aire, imagina utopías irrealizables y cree que el presente lo empujará hacia él sin un proyecto que lo haga viable. La realidad tiene algo importante que decir, el optimista tiene los ojos en el cielo pero los  pies en la tierra. El desafío no es prever con la exactitud de un pronóstico meteorológico sino entrever.

Aprender a hacer. El pensamiento creativo deliberado parte del futuro pero trabaja en el presente, la felicidad no es la estación a que se arriba sino también la forma de llegar.

El poder inteligente es un querer con eficacia. La tensión creativa entre la meta y la situación actual genera opciones para diseñar la dimensión anticipatoria de la configuración deseada. Mientras que la probabilidad es matemática, al futuro lo hace posible  la intención de lograrlo. Pero nada sucederá sin planes, el que falla al planear planea fracasar.

Aprender a aprender. Einstein definió la locura como querer mejorar y hacer más de lo mismo. Esto lleva a la decadencia ante los cambios, la innovación y la competencia.

Japón copió y superó a EEUU después de la segunda guerra. La  ventaja competitiva, la destrucción creativa de lo que se hace y el aprendizaje continuo, fueron sus herramientas.

En épocas de crisis dijo Einstein: “la imaginación es más importante que el conocimiento”. La innovación tiene como soporte la Fábrica de ideas, donde se enseñan y se aplican las mejores técnicas de pensamiento. Se necesitan 60 ideas para que una se haga realidad. La sinergia entre creatividad, innovación,  aprendizaje continuo y gestión del conocimiento crean normas de calidad que aseguran el crecimiento y el éxito.

Visualización creativa. Es la expresión visual del deseo. Los pasos previos son: definir las metas,  invertir tiempo en soñarlas despierto y con todo detalle, integrar los sentidos con las emociones, perseverar en la tarea hasta que surja el impulso de actuar, sostener la  actitud y confirmarla con palabras positivas, mantener la mente abierta y alerta para descubrir  oportunidades. “Si lo puedes soñar lo puedes hacer”, dijo Disney.

Pero un sueño sin acción es sólo frustración

El Pensamiento Creativo  Deliberado. Al proceso creación-innovación del futuro el pensamiento estratégico agrega puntos claves: ¿Dónde estaba ayer, dónde estoy hoy, dónde  y cuándo quiero estar mañana, cómo haré para conseguirlo?

La estrategia con un plan ajustado a los objetivos anticipa y resuelve los problemas antes de que ocurran. El pensamiento estratégico le da forma al pensamiento creativo deliberado y resuelve las dificultades del proyecto. La  esencia es la misma: hay un objetivo y tácticas diferentes; la estrategia ideal es la que elige la  llave que abrirá la puerta.

Aprender a convivir. El genio aislado no puede crear el futuro. Es improbable que una sola persona reúna capacidades de creatividad, análisis, ejecutividad y competencia social, que demandan los proyectos. La mejor forma de alcanzar el futuro deseado es armar un equipo donde impere la comunidad de propósitos y la diversidad de capacidades.

Debe contar con los medios, reconocimiento, capacitación,  compartir el rumbo, estar seguros de lo que buscan y ser capaces de cumplir, conociendo los pros y las contras.

Pensar como los genios. El cerebro de Einstein era similar al de cualquiera,  no valía por su peso sino por el modo en que lo hacía funcionar. La estrategia es imitar y hasta superar el método que usó. No hace falta ser un genio natural para usar las mismas estrategias que Sócrates, Aristóteles o Einstein, para estimular el poder de la mente y gestionar el futuro.  Estudiando cómo lo hacían podemos hallar  las fórmulas que aplicaban:

1. Observar  desde  nuevas  perspectivas.  Leonardo da Vinci reestructuraba el problema. Sentía que la primera vez lo condicionaba la  rutina.  Dejaba incubar la solución, para que el problema se reconstruyera y se convirtiera en otro más interesante.

2. Visualización creativa. Einstein visualizaba la solución, las palabras no jugaban el rol principal. En la teoría de la relatividad se imaginó viajando en la punta del rayo de luz.

3.  Producir una cuota mínima. Edison  agradecía a sus errores. En la invención de la lámpara eléctrica lo logró en el ensayo número 1000. Error bueno es error nuevo, el hombre es el animal que choca dos veces con la misma piedra.

4. Hacer nuevas combinaciones. Las leyes de la herencia, base de la genética, son obra de Mendel, que combinó matemáticas y biología. Los medios de difusión surgieron del linotipo de Mergenthaler que hizo posible el periódico de impresión rápida y en escala, con  la publicidad  de Pulitzer, lo que permitió  obtener ganancias al mismo  tiempo.

5. Formar relaciones inusuales. Morse inventó la estación de relevo de las señales telegráficas observando las estaciones de relevo de caballos. Finsen al ver cómo el gato se movía siguiendo al sol, fue el precursor de  la lámpara de rayos ultravioletas.

6. Pensar polos opuestos. Bohr  unía cosas opuestas, suspendía el pensamiento y la mente accedía a un nivel superior. Suspender el razonamiento lleva a crear una nueva forma.

7. Pensar con metáforas. Aristóteles creía que quién percibía semejanzas entre dos áreas y las enlazaba, tenía un don especial. Lilienthal inventó el planeador de las alas de las aves.

8. Prepararse para detectar oportunidades. Al fallar se termina haciendo otra cosa. Es el principio  del accidente creativo.  Un fracaso se convierte en error productivo al analizar la causa. No hay que preguntar ¿Por qué he fallado? sino ¿Qué hice?

9. Distinguir el azar de la buena suerte. Cuando la  manzana cayó sobre la cabeza de Newton, él puedo crear la Ley de Gravedad. Muchos la veína caer sin saber observar.

10. Investigar la causa desconocida de un efecto. El planeta Neptuno se descubrió suponiendo su existencia tras investigar  las perturbaciones en el movimiento de Urano.

11. Intentar satisfacer un deseo. La hoja de afeitar de Gillette surgió mientras pensaba en  un producto que debiera comprarse durante toda la vida.

12- La teoría del océano  azulNo toda idea es buena ni toda innovación es valiosa, como el creador bohemio o la tecnología innecesaria. La teoría del océano azul invirtió el supuesto de que un negocio surge de tomar una parte de la torta del mercado.  Propuso salir del océano rojo lleno de tiburones con ideas que no tienen competencia. Así Callaway Golf creó un Océano azul de no golfistas aumentando el tamaño de la cabeza del palo de golf.

Creatividad a dos puntas. El cerebro es rutinario y prejuicioso. La Tormenta de ideas o Brain Storming fue ideada por Osborne para estimularlo, recolectando ideas sin criticarlas. En la otra punta de la idea está la observación. Una cosa es la realidad y otra la percepción que recrea lo que ve. El optimista ve la botella medio llena y el pesimista medio vacía.

Hay un tipo de observación reactiva que actúa ante lo que pasa y otra  proactiva que busca problemas para obligarse a resolverlos, mirar de otra manera y generar una apertura.

El pensamiento lógico selecciona su camino por sí o por no y cuando llega a la solución detiene su marcha. El pensamiento creativo sigue hasta que  provoca el cambio.

Serendipidad es la  capacidad de realizar descubrimientos de manera accidental. Para Pasteur,el azar favorece sólo a las mentes preparadas. Esto diferencia al azar como oportunidad, de la buena suerte como la respuesta adecuada.

En cada hombre, hay un gigante dormido. Desde el utensillo más simple hasta el avión moderno, nacieron en su mente. Pero su naturaleza es vagabunda. Por eso al aprender  a dominarla se hace del futuro una propia construcción. El azar no es nada sin conocimientos y el conocimiento no es fértil sin creatividad. Csikszentmihalyi distinguió dos rasgos del creador: curiosidad y apertura por un lado y perseverancia obsesiva por el otro.

Veo veo: ¿qué ves? Este juego exige pensar en objetos cercanos, excluyendo lo inmaterial, lo que no se puede ver, como el amor. Los niños están aprendiendo pero hay adultos que sólo creen en lo que ven y no advierten el impacto de los recursos intangibles, como el conocimiento. Un hardware es inútil sin el software que lo hace funcionar

Una ventaja competitiva se sostiene en saber hacer mejor que los demás lo que no se puede copiar. Los objetivos que se pretenden alcanzar en el futuro necesitan administrar los conocimientos que se tienen y desarrollar los demás conocimientos faltantes.

Lo preocupante no son los problemas sino la falta de conocimiento para resolverlos. Para Einstein “no se puede resolver un problema en el mismo estado mental en que se lo creó”. Los desafíos del futuro serán de conocimientos: escenarios cambiantes, regulaciones,  innovación tecnológica. Sin conocimiento estos desafíos se perciben como aterradores.

Contar con activos físicos dejó de ser garantía de riqueza. A pesar de que el petróleo es un bien codiciado, los países productores atrasan, salvo los que, como Noruega, convierten sus ganancias petroleras en intangibles como educación e innovación.

El conocimiento es la moneda de cambio.  El principal capital  del hombre se aloja entre sus dos orejas y nadie se lo puede quitarSin contar con herramientas de gestión, no sabe en qué etapa del proyecto se encuentra y qué riesgos lo amenazan.
El sistema educativo enseña lo que es más fácil y puede medirse en un examen, en lugar de enseñar lo más valioso, como creatividad o liderazgo, difíciles de enseñar y de medir.

Es necesario aprender del pasado para resolver los problemas del presente y  anticipar  los problemas que vendrán.  Como el futuro no existe debemos aprender a gestionarlo.

*Dr. Horacio Krell. Director de Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre cómo optimizar la inteligencia. Su mail de contacto es horaciokrell@ilvem.com

Tomado de: http://www.emprendedoresnews.com/

Aprendizaje de código abierto

Richard Baraniuk, profesor de la Universidad Rice, explica la visión detrás de Connexions, su sistema de educación en línea de código abierto. Elimina el libro de texto, permitiendo a los profesores compartir y modificar libremente materiales de cursos, en cualquier lugar del mundo.

Para conocer más sobre este proyecto, visite su sitio web: Connexions.

Ciencia ficción y vocación científica

Los cuentos fantásticos nos obligan a pensar “fuera de la caja”
Clotilde Fonseca
Ministra de Ciencia y Tecnología de Costa Rica

Corría el año 2000 cuando Sheldon Glashow, premio Nobel de Física, estuvo en Costa Rica. Visitó el país invitado por su extraordinario alumno –él también físico–, Alejandro Jenkins. “Vine a buscar más alumnos como Alejandro” –dijo con una sonrisa cuando nos lo presentaron–, “todo indica que en este país hay una buena cosecha de alumnos como él, en los colegios científicos”.

Fue Victor Buján quién primero abrió el diálogo: “Dr. Glashow, ¿cuál fue la experiencia formativa más importante de su proceso educativo?”. El eminente físico no dudó en contestar: “¡Ah, sin duda el club de ciencia ficción del colegio científico del Bronx!”

Glashow empezó a hablar de la importancia de la ciencia ficción como recurso para desarrollar vocaciones científicas. No se refería, sin embargo, simplemente a la literatura fantástica. Tenía en mente, más bien, aquellas creaciones literarias que están ancladas en la ciencia, en la extrapolación del conocimiento científico de punta.

Se refería, en realidad, a la “ficción científica”, como suelen llamarla técnicamente los entendidos en la materia, a la que estimula el intelecto y la imaginación científica, que, como todos sabemos, son fundamentales para el desarrollo de la ciencia avanzada, para la creación científica que hoy se conoce como “ciencia dis-ruptiva.”

Genial idea. La afirmación de Glashow me remitió de inmediato a las teorías de Bruno Bettleheim de los años setenta. Para formar buenas mentes científicas, había dicho aquel connotado filósofo y científico en la revista Psychology Today, es preciso que los niños lean cuentos de hadas. La genial idea de Bettleheim parecía, en aquel momento, una especie de locura.

Sin embargo, hoy sabemos que los cuentos fantásticos estimulan la imaginación, obligan a superar el pensamiento rutinario y son buenos para fomentar la capacidad creativa y la innovación porque nos obligan a pensar “fuera de la caja,” y, lo más importante, incentivan la capacidad simbólica. Después de todo, decía Cassirer, los seres humanos somos, ante todo, “animales simbólicos”.

Desde entonces, he estado convencida del inmenso poder que tiene la ciencia ficción para cultivar competencias y vocaciones científicas. No se trata tan solo de leer ciencia ficción sino, ojalá, de concebirla y escribirla. La clara convicción de que la creación literaria a partir de ideas científicas tiene un poder formador extraordinario ha hecho que me haya atrevido a impulsar ideas de esta naturaleza. Está en la base, también, de mi interés reciente por crear clubes de ciencia ficción en Costa Rica, en asocio a colegios científicos y universidades así como de ciudadanos que sienten una especial pasión por este género literario, al igual que por la ciencia.

Antes de lanzarme a la aventura de formalizar la idea, quise reconectar con Sheldon Glashow para que él nos ayudara a recuperar su experiencia y para incorporarla en los procesos de diseño. Fue gracias a la intermediación de Pablo y Alejendro Jenkins que reabrimos el diálogo sobre su experiencia.

Con la amplitud y generosidad de espíritu que lo caracteriza, Glashow ha puesto a disposición nuestra algunos de sus más preciados recuerdos y reflexiones sobre el tema. Sus valiosas observaciones las recibimos por la vía digital. Llegaron cargadas de lucidez y frescura. No están exentas de asombro y paradoja, como podrá constatar el lector. Paso a explicarlo.

Como suele ocurrir en estos casos, Glashow entró al Colegio Científico del Bronx tras superar un duro examen de admisión. No se trataba de cualquier colegio. Hablamos de una institución destacada, que produjo alrededor de siete premios Nobel de Física en el lapso de unas pocas décadas.

Paradójicamente, y aunque resulte casi increíble, Glashow confiesa que en aquel colegio “la enseñanza de las ciencias no era particularmente buena”. El eminente físico se queja de que no se aprendía allí nada sobre partículas, núcleos, mecánica cuántica o relatividad. La física –campo en que el finalmente ganaría el Nobel– no parecía ser el fuerte.

En opinión de Glashow, la enseñanza de las matemáticas, sin embargo, era simplemente extraordinaria. Aun así, afirma, no parecía ir mucho más allá del álgebra avanzada y la geometría de sólidos. Fueron las matemáticas, además de la altísima calidad de la enseñanza de las humanidades, lo que en el fondo marcó de manera excepcional aquellas mentes privilegiadas.

Lo que era realmente crucial en el colegio, lo que auténticamente valía la pena, era el nivel intelectual de los compañeros y las interacciones que entre ellos se generaban. ¡En eso residía realmente el valor de la experiencia del Colegio Científico del Bronx! Aquellos muchachos realmente tenían vocación. ¡Querían aprender ciencias! Estudiaban, discutían, compartían, se ayudaban entre ellos. Glashow rememora por ejemplo, que Dan Greenberger –hoy profesor de física de la Universidad de New York–, era quien le enseñaba cálculo a la hora del almuerzo.

“Lo que no aprendíamos en el colegio lo aprendimos entre nosotros.” Lo crítico en aquel ambiente era la coexistencia de jóvenes de gran capacidad, interés intelectual e inclinaciones científicas. Visto en perspectiva, confiesa Glashow, posiblemente eran “excesivamente intelectuales”. Estaban apasionados por pensar, analizar y crear. No debería extrañarnos, por lo tanto, que organizaran entre ellos un club para escribir ficción científica. Se reunían en las aulas y las casas. Publicaban sus trabajos utilizando el anticuado mimeógrafo del colegio. Hasta ganaron premios en concursos externos.

Estímulo a la imaginación. Glashow concluye que “no fueron las instalaciones físicas lo que importó realmente”. Lo que fue fundamental de su experiencia es que en el colegio contaron con un ambiente rico y riguroso que estimuló —en vez de limitar— la imaginación. ¿Qué puede ser más poderoso? Y es que en la ficción científica confluyen el conocimiento, la indagación, la especulación, la emoción y la imaginación.

En el mundo de la ciencia, tal como lo afirma con frecuencia Alejandro Jenkins, siempre hay “preguntas que permanecen despiertas”. Como es obvio, la ciencia ficción constituye un recurso para aventurarse a plantear hipótesis y respuestas. Después de todo, como decía Einstein, “la realidad supera toda fantasía”.

Tomado del diario La Nación
Costa Rica

Una computadora por niño

Este proyecto de Nicholas Negroponte, fundador y presidente del Media Lab del MIT durante muchos años, ha parecido ser algo utópico, empezando por el precio propuesto de $100.00 y por lograr que algún fabricante pudiera interesarse en este proyecto humanitario. El hecho es que ha funionado, y parece que muy bien. ¿Qué efecto podrá tener esta valiosa iniciativa en la calidad de vida de los niños que la reciben? ¿Qué tanto podrá aportar en beneficios tangibles a sus familias? ¿En cuanto tiempo podrá notarse el impactoen el desarrollo de las comunidades en que viven y de sus países?

Las escuelas matan la creatividad

Charla de Ken Robinson. El sistema educativo de cualquier parte del mundo debería estimular la creatividad, la originalidad y la capacidad de innovación en los estudiantes. estos atributos son fundamentales en la sociedad actual, una sociedad que depende del desarrollo y de la creación de conocimiento, de compartirlo y hacerlo crecer, de la eficiente circulación de la infoamción… y un largo etcétera. Bajo las condiciones descritas por Robinson, ¿hasta cuando será sostenible la existencia de la sociedad de la información y el conocimiento? ¿Acaso nos hemos embarcado (o nos están embarcando) a una nueva forma de convivencia? Indudablemente si un sistema de educación carece de la capacidad para estimular la creatividad, la capacidad de desarrollo de una sociedad se verá limitada.

Para STEM 2010

Guías de referencia sobre educación de niñas y latinos jóvenes. Estas guías me fueron enviadas desde la Biblioteca del Congreso. Fueron recopiladas por dos jóvenes pasantes que están haciendo un trabajo muy interesante, uno de ellos específicamente atrayendo niñas al estudio de la ciencia por medio de actividades que realiza la Biblioteca.

Latinos in math and science

Biographies of  Women Scientists

Girls & Science Education: How to Engage Girls in Science

Saludos.