Vargas Llosa, el sartrecillo valiente

El triunfo de Vargas Llosa es la victoria de la portentosa cultura latinoamericana

Martín Santiváñez Vivanco

Para mí, como para muchos amantes de su obra colosal, Mario Vargas Llosa es el sartrecillo valiente, un D’Artagnan de las letras destinado a triunfar sobre los misterios del tiempo y la historia. “Sartrecillo”, así lo llamaban sus mejores amigos cuando vivía a orillas del mar de Miraflores capturado por la prosa de Sartre, escribiendo y desechando manuscritos que luego habrían de transfigurarse en piezas maestras de la literatura universal. Sucede con los grandes escritores que sus fábulas se convierten en parte esencial de nuestras vidas. Son sus ensoñaciones la prolongación de nuestros deseos, vivimos en sus personajes y, por un segundo sublime, encontramos en ellos la belleza esquiva que con frecuencia nos niega la realidad.

El triunfo de Vargas Llosa es la victoria del hispanismo moderno y de la portentosa cultura latinoamericana. El Nobel con que la Academia sueca premia al hombre también ensalza el idioma que lo ha hecho grande. En un orbe interconectado en el que el inglés se ha convertido en el vehículo fundamental de la globalización, el castellano expande sus fueros, es objeto de admiración y sus palabras ayudan a crear un mundo mejor, más libre y solidario, más auténtico y real.

La autoridad del escritor es siempre personal, única, porque el arte continúa siendo una agonía individual. Los verdaderos artistas son oráculos de ideas. Vargas Llosa es consciente de ello. Por eso, de manera responsable, ha intervenido en los grandes debates de nuestro tiempo. No hay tema relevante que su poderosa inteligencia no haya analizado. La democracia tiene en él a uno de sus más sólidos defensores. Su pluma siempre, siempre ha estado al servicio de la libertad.

La literatura de Vargas Llosa fascina como el fuego y como el fuego ha de perpetuarse en la conciencia de la humanidad. Su devoción por el mundo perfecto de los libros y la religiosa entrega al trabajo de la que ha hecho gala desde que profesó el oficio de escribir, lo han consagrado como uno de los grandes exponentes del idioma castellano.

La vitalidad de la cultura latinoamericana, sus posibilidades infinitas de desarrollo y la relevancia que adquiere conforme los latinos conquistan el orbe, también se refleja en estos logros que señalan nuevos derroteros de prestigio.

Futuro brillante. Latinoamérica tiene mucho que ofrecer al mundo. En todos los ámbitos. No solo somos los herederos de una tradición milenaria en la que resplandecieron algunas de las más altas civilizaciones de la historia. Ahora, en pleno siglo XXI, los latinoamericanos seguimos creando en un marco de mestizaje y encuentro, una cultura originalísima que nos enriquece como continente. Latinoamérica tiene un pasado dorado y glorioso, sí. Pero también un futuro brillante, un horizonte por conquistar. Hay que sentir orgullo por ello. La cultura latinoamericana aporta a Occidente frescura, innovación y emprendimiento. El melting pot latino es fuente permanente de paraísos a la vuelta de la esquina. Con sus escritos, Vargas Llosa, valiente, ayuda a construir el porvenir de los que compartimos un idioma. Un destino mejor, más democrático y humano. Un gran destino latinoamericano.

Hoy, a los iberoamericanos, no nos cabe el corazón en el pecho. Como todos los de mi generación he crecido admirando su obra. Es la suya una historia de libertad consciente, aguerrida, implacable. Mario, a lo largo de su vida, ha sido absolutamente leal a sus principios, peleando por ellos, contra viento y marea, defendiéndolos ante las guerras del fin del mundo, con la pasión del escribidor convicto y confeso.

Merecía el Nobel y la inmortalidad. “Yo soy el Perú” ha dicho, abrazándose con su patria. Sí, maestro, eres el Perú. El Perú y Latinoamérica. Encarnas un continente de certezas. Y has elevado el idioma de nuestros padres a cumbres asombrosas que muy pocos exploradores lograrán alcanzar.

He aquí lo que un hombre libre puede hacer. Para nosotros, latinos que vivimos en la madre patria, este laurel anhelado nos transporta al lejano solar. ¡Cuántas cosas nos unen gracias al idioma! Vargas Llosa forma parte de este milagro. La diáspora latina encuentra en el castellano el elemento unificador, la posibilidad de síntesis, la hermandad trascendental con España y con todos los pueblos del mundo.

Latinoamérica, esa bendita tierra condenada a ser grande, es capaz de producir genios de la talla de Vargas Llosa, un peruano universal. Enhorabuena, sartrecillo valiente. Te lo mereces. Nos lo merecemos.

Tomado de La Nación, Costa Rica

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