Las tribulaciones del niño bueno

Premio Nobel Mario Vargas Llosa alcanzó el máximo galardón literario tras una vida intensa en las letras

Manuel Bermúdez

En las primeras horas de la mañana del jueves 7, mientras la perfecta luz de octubre empezaba a pintar de otoño el paisaje de Nueva York, Mario Vargas Llosa recibió por teléfono la noticia largamente anhelada.

Más tarde, en una nutrida conferencia de prensa en el Instituto Cervantes de Nueva York, confesaría que estaba leyendo algo de Alejo Carpentier para sus clases como profesor invitado en Princeton.

Con el anuncio público la prensa le cayó en su casa; la televisión española fue de los primeros medios en entrevistarlo. Él estaba dispuesto. Una sonrisa enorme, que se había hecho esquiva desde 1990, florecía incontenible en su rostro por lo general adusto, disfrazado ahora por la alegría. Con desparpajo reconoce: “Este es un premio que halaga enormemente la vanidad de un escritor”.

Muchas veces se le había mencionado como posible candidato al mayor galardón de las letras, quizás porque muchos advertían que se lo merecía.

Revela que prepara su próximo ensayo que es sobre la sociedad del espectáculo; pero la mañana del jueves él mismo se vio convertido en uno de los más llamativos para los medios de comunicación, el menos en Occidente.

Nacido en Arequipa, al sur del Perú, el 28 de marzo de 1936, Mario Vargas Llosa es uno de los escritores más importantes en lengua castellana.

Fue figura emblemática del boom editorial latinoamericano que dio a conocer al mundo algunos de los mayores narradores de este continente como el cubano Alejo Carpentier, los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes, el uruguayo Juan Carlos Onetti, el chileno José Donoso, los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, el colombiano Gabriel García Márquez y los brasileños Jorge Amado y Guimaraes Rosa; fenómeno libresco que a su vez fue catapultado por la concesión por primera vez del Premio Nobel de Literatura a un narrador latinoamericano, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias en 1967.

La obra narrativa de Vargas Llosa destaca por su gran trabajo con el idioma que le provee una lectura fluida y cautivante y sus personajes maravillosamente dibujados.

La academia le reconoce su manera de expresar el poder y la condición del individuo frente a él.

El nombre del padre. Hijo único, de padres divorciados, desde niño, su madre y familia materna le hicieron creer que su padre había muerto, por lo que no fue sino hasta que ya había cumplido 10 años de edad cuando vino a conocerlo. Sus padres volvieron a vivir juntos, pero la relación del niño con un progenitor tiránico siempre fue conflictiva, como él mismo lo confiesa en su obra autobiográfica El pez en el agua (1993); esa mala relación posiblemente dio pie a esa “cartografía del poder” que ahora premia la academia sueca.

Su tentativa fracasada de asumir la presidencia de Perú en 1990 quizás haya sido el fallido intento freudiano de resolver ese antiguo conflicto con su padre.

Pero la producción y el trabajo literario fueron el refugio y la sublimación de sus frustraciones.

Cuando el recién encontrado padre lo envió de interno al Colegio Militar Leoncio Prado, para evitar que se hiciera “un mamita” y anduviera metido entre libros, Vargas Llosa enfrentó la cruda realidad del maltrato y los abusos. Más tarde tradujo aquella experiencia en su primera novela La ciudad y lo perros (1963), donde se refleja en el personaje protagónico el Poeta, mientras retrata a otros más brutales y víctimas del poder como el Jaguar y el serrano Cava.

Un año antes de graduarse abandonó la escuela militar y se refugió en la casa de su abuelo materno en Piura, al norte del país, donde terminó la secundaria y dio sus primeros pasos en el periodismo.

Periodista. Un elemento clave en la obra y vida de Vargas Llosa es el periodismo. Sus primeros trabajos en periódicos locales de Piura, el ambiente agitado de la redacción y la complicidad y bohemia asociada con trabajo luego del cierre de edición, lo cautivaron.

Luego regresó a Lima para estudiar Derecho y Literatura, pero continuó con su trabajo periodístico, esta vez en la Radio Central. Del mundo de la bohemia surgió años más tarde su segunda novela y una de las más experimentales La casa verde (1966) con la que obtuvo el premio Rómulo Gallegos. Se trata de la historia de un burdel donde el retrato que hace de sus personajes y las emociones humanas lo consagran ya como un gran narrador.

Gracias a una beca, en 1959 viajó a España para estudiar el doctorado en Letras en la Universidad Complutense de Madrid.

El contacto con la vida intelectual en Europa y la red de amigos escritores que había construido por artículos que escribía para revistas en varios países latinoamericanos, lo llevaron por una senda que ya no quiso abandonar nunca.

Se trasladó a vivir a París, que era por entonces la meca de los intelectuales latinoamericanos. Entre penurias económicas y fascinación pasó algunos años de mucho trabajo literario mientras preparaba su carrera de escritor. Los relatos que escribió en esos años los reunió en un primer libro de cuentos Los jefes (1959) que fue premiado, lo que lo alentó su decisión de dedicarse a la literatura.

Altibajos. La agitada vida de Vargas Llosa sin duda ha influido en su obra. De aquellos convulsos años 60 con toda la pasión del escritor veinteañero exitoso, acuerpado por una intelectualidad predominantemente de izquierda, surgen algunas de sus mejores obras como las ya citadas y Conversación en La Catedral (1969). Luego se distancia de los intelectuales de izquierda y vienen obras experimentales y satíricas como Pantaleón y las visitadoras (1973) y La tía Julia y el escribidor (1977).

En 1981, publica una de sus novelas más aplaudidas, La guerra del fin del mundo, sobre la guerra de los sertones en Brasil, con base en la crónica de Euclides da Cunha.

Los 80 fueron años de más participación política de Vargas Llosa con centeneras de artículos en la prensa internacional donde se oponía a la mayoritaria tendencia izquierdista de la intelectualidad latinoamericana y de sus antiguos compañeros escritores. De esta época son obras consideradas menores como Historia de Mayta (1984), ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986), El hablador (1987) y Elogio de la madrastra (1988).

Eso lo llevó a la participación política directa por la presidencia en Perú en 1990 que culminó con una dolorosa derrota. Tras esa experiencia asume la nacionalidad española y publicó sus memorias El pez en el agua y Lituma en los Andes, novela con la que obtuvo el premio Planeta.

Tras una fallida Los cuadernos de don Rigoberto (1997), Vargas Llosa cautivó con una novela sobre un dictador latinoamericano, como lo habían hecho algunos de sus compañeros del boom. Publicó La fiesta del chivo (2000) acerca de Leonidas Trujillo en República Dominicana.

Más recientemente con Las travesuras de la niña mala (2006) rinde un homenaje al post romanticismo de su admirado escritor francés Gustave Flaubert.

En noviembre próximo aparecerá su novela El sueño del celta.

Tmado de La Nación, Ancora, Costa Rica

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